Este debate contiene 5 respuestas, tiene 2 mensajes y lo actualizó  Antonio-Luis Martínez-Pujalte hace 1 año, 2 meses.

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  • #70

    disccionario
    Super administrador

    Todavía no hay consenso sobre esto… ¿Qué término preferís vosotros?

  • #461

    César Giménez Sánchez

    La pregunta que aquí se plantea es si deberíamos utilizar la palabra “discapacidad” o la expresión “diversidad funcional”. Es una discusión un tanto escolástica, ya sé que algunos pueden pensar, pero se me antoja de lo poco que se puede hablar estos días en los que todo gira en torno a la austeridad; desde tiempo inmemorial, el funcionamiento peculiar de las personas está en crisis. Se trata, a lo mejor dicen ustedes, de una reflexión tan vital como averiguar el sexo de los ángeles, pero lo cierto es que tengo un ligero problema con las etiquetas puestas a los seres humanos, máxime si el etiquetado es incorrecto, y yo creo que en los dos casos las etiquetas son erróneas.
    Confieso que yo no tengo dudas de que la palabra crea pensamiento, pero también es verdad que somos las personas quienes utilizamos las palabras dándoles un sentido positivo, neutro, provocador o negativo. Centrándonos en el término “discapacidad”, alguien podrá afirmar que se trata de un calco del inglés “disability” y admitir eso como una explicación válida. Opino que el calco del inglés sería, más bien, “dishabilidad”. De cualquier manera me parece que como calco, el churro es magno. Por tanto esa explicación no es satisfactoria.
    Se trata ahora de discutir la corrección o incorrección de una palabra supuestamente tradicional que se empezó a usar aproximadamente hace 30 años. Porque antes se empleaban términos como “minusválido”, “subnormal” y por un tiempo más o menos largo, también fueron tradicionales, hasta que dejaron de serlo. Y es que mucho habría que discutir sobre dichas tradiciones, pero tampoco es cuestión de aburrir al personal más de lo estrictamente necesario.
    Volviendo a la palabra objeto de este escrito, antes que nada hay que recordar que cualquier término en castellano (y presumo que en muchos otros idiomas) se compone de raíz y desinencia, morfemas y lexemas. Sin embargo, y admitiendo que la raíz de “discapacidad” es “capaz”, no paro de preguntarme si el antónimo de “capaz” es “incapaz” o “discapaz”. Si alguien ha escuchado alguna vez lo segundo tendré que ir inmediatamente al otorrino porque no es mi caso. Quizá “capaz” tenga dos antónimos con el mismo significado, todo puede ser. Puestos a reducir la cuestión a las capacidades de los individuos (porque hay quien entiende “capacidad” como “productividad”, es decir, relaciona la palabra con lo económico desdeñando la capacidad de tener una familia, prestar atención, mantener relaciones sociales, etc.), una persona tiene capacidad para hacer algo, lo que sea, o tiene incapacidad para hacer esa misma tarea. Pero ¿discapacidad? En todo caso, determinadas personas, bienes, servicios e instituciones le obstaculizan, impiden o hacen imposible que desempeñe la tarea que sea. El papel del entorno importa tanto como las características individuales.
    Tampoco termino de entender la necesidad del ser humano de catalogar a sus semejantes por aquello que no pueden realizar. No me gusta pero acepto la característica humana de poner etiquetas a diestro y siniestro, sin embargo veo nocivo que el embalaje sea inapropiado, sobre todo si el embalado soy yo.

    Así pues, se me antoja que la palabra discapacidad no tiene cabida en el lenguaje español, pero al mismo tiempo, la expresión diversidad funcional no me parece ni brillante ni adecuada.
    Parece que olvidemos que el nuestro es un lenguaje analítico y no sintético, por lo que la extensión de nuestras expresiones no juega un papel demasiado decisivo. Me pregunto, y al que vea esto también, si no le parece que al decir diversidad funcional (y yo lo he dicho un rato largo) se da a entender que somos discriminados (apartados, excluidos, segregados, marginados…) porque tenemos una variedad de funciones, y no porque funcionamos de forma diferente a la habitual. Soy consciente de que el matiz es leve. Pero creo que merece la pena recapacitar sobre el uso que hacemos de dicha expresión. El argumento más “sesudo” que me han dado en defensa de ‘diversidad funcional’ es la comodidad que se siente utilizándola. Para mí, sentirse más o menos cómodo no es un argumento de peso. El que haya una diversidad inherente al ser humano es indudable. El que tenemos diferentes funciones también. Que somos discriminados también es cierto. Pero, ¿somos discriminados por tener una variedad de funciones o lo somos porque funcionamos de una manera diferente? yo creo que la respuesta correcta sería la segunda. Y no soy el único que lo cree. Una clave pues, es que hay que entender que no es lo mismo decir “diversidad funcional” que diversidad de funcionamiento. Otro argumento muy sesudo que se me ha dicho era que utilizar “personas discriminadas por nuestra diversidad de funcionamiento” es muy largo es una expresión muy larga. Hay quienes achacan a los argentinos el dicho “¿por qué decir algo en tres palabras cuando eso mismo se puede decir en 28?”. Bromas aparte, tampoco eso me termina de convencer. Sin embargo, veo que sobra “diversidad”, y lo podemos dejar en personas discriminadas por nuestro funcionamiento.
    Recientemente he utilizado en algún escrito la palabra “anormal”. Esto tiene dos motivos. Uno es que resulta una palabra provocadora, que pretende atraer la atención, que puede resultar ofensiva. La segunda razón es que lo normal, en mi opinión, es ser anormal. En realidad, habría que analizar lo que es normal y lo que es anormal.
    Casi olvido mencionar el hecho de que se discrimina también a alguna gente por su aspecto: joroba, peso, estatura, albinismo, que podrán tener funcionamientos peculiares pero por lo que no se le excluye sino por su apariencia física. Pero esa es otra historia.

  • #492

    Cristina

    Me parece muy completa tu explicación, pero fíjate, que yo pienso más que discapacidad viene de capacidades diferentes, aunque bien es cierto que cada persona tiene capacidades diferentes al resto. Razón tienes en esta manía humana de etiquetar a las personas. El día que no hablemos de discapacidad, ni de diversidad, ni de accesibilidad porque ya no haga falta, ese día habremos logrado la inclusión.

  • #493

    Julia

    Genial tu aportación César. Yo estoy de acuerdo con Cristina en que lo ideal sería que al fin lleguemos a un punto en el que no haya que etiquetar a nadie, ni por su “funcionamiento”, ni por su aspecto, ni por sus “capacidades” (que esto también tiene tela, porque capacidades está claro que tenemos todas las personas).

    Ese día sólo llegará cuando TODO sea accesible para todas las personas, y como mientras tanto, visto lo visto que no hay manera de ponerse de acuerdo, yo votaría por elegir una palabra nueva, consensuada por todos y que realmente nos represente (un ejemplo de esta idea sería el blog De retrones y hombres al utilizar “retrón”)

    Se me ocurre que podría ser más adecuado usar la expresión “persona que necesita accesibilidad” por ser una expresión puramente descriptiva, objetiva, que engloba a muchas más personas (como por ejemplo personas que por un accidente tienen que usar muletas o silla durante una temporada por haberse roto un hueso, personas mayores…) y que además incluye una reivindicación: la accesibilidad es un derecho.

  • #606

    Oscar Martinez Rivera

    Hola a tod@s,
    en primer lugar os agradezco la discusión y sobre todo a Cesar por su gran exposición (como nos tiene acostumbrados).
    Es cierto que la comodidad en un término no sería el mejor motivo como para afirmar que sea el más adecuado, aunque también es verdad que tiene cierto peso. Yo prefiero que me llamen como yo decida, pero es cierto que en este caso no es el máximo argumento.
    Creo que la cuestión de la diversidad funcional siempre ha sido referida desde el punto de vista de la diversidad humana pero refiriendose a una situación de discriminació por el hecho de funcionar de manera no estandard. Que al final no es diferente porque si es diferente es porque damos por sentado que hay una normalidad. El termino le quita peso a la importancia a la normalidad estadística pero a la vez pone de relieve que hay un colectivo que: funciona de forma diversa + ello le produce discriminación.
    Escribí un artículo hace unos meses y lo comparto con vosotros por si os apetece leerlo.
    Gracias por la discusión.

    Entre la discapacidad y la diversidad funcional: El profesional ante los cambios de paradigmas y no solamente de palabras

    Un saludo
    Oscar

  • #607

    Antonio-Luis Martínez-Pujalte

    Estimados amigos:

    En primer lugar, felicidades por esta página web, que me parece muy acertada.

    En segundo lugar, en relación con el debate planteado, tengo que decir que, aunque la expresión “diversidad funcional” se va extendiendo progresivamente con el loable propósito de evitar la connotación negativa del término “discapacidad”, y no tengo ningún inconveniente en que se utilice, yo personalmente prefiero usar normalmente el término discapacidad. Y ello por dos razones. Primero porque es el que usan los textos jurídicos, y en especial la Convención de la ONU de 2006. Pero, sobre todo, porque la diferencia funcional es en realidad uno sólo de los elementos de la discapacidad. Hoy por discapacidad se entiende la existencia de barreras a la plena participación social relacionadas con la circunstancia de que una persona presenta una deficiencia. Es decir, el término discapacidad ya no designa sobre todo la situación de la persona, sino las barreras sociales a que se enfrenta. Añade a la “diversidad funcional” la referencia a las barreras sociales.
    En este sentido, ciertamente el término “discapacidad” entraña una connotación negativa, supone un disvalor: no entraña, por supuesto, un juicio negativo o una minusvaloración de las personas con diversidad funcional, ni tampoco un juicio negativo de las propias diferencias funcionales, que son un elemento constitutivo de la realidad social; pero sí implica un juicio negativo, y éste con carácter absoluto, de las barreras sociales a que las personas con diversidad funcional se enfrentan. En una hipotética sociedad futura en la que los obstáculos sociales que encuentran las personas con discapacidad hubiesen desaparecido por completo –si ello fuese posible-, habría desaparecido la discapacidad, y permanecería sólo la diversidad funcional. Hoy, en cambio, hay que hablar de discapacidad, porque lo cierto es que la sociedad discapacita a ciertas personas para su plena participación social por el hecho de sus diferencias funcionales (o de funcionamiento). Este es mi punto de vista, que espero haya podido explicar con suficiente claridad.
    Muchas gracias a todos.
    Antonio-Luis Martínez-Pujalte, Director de la Cátedra de Discapacidad y Empleabilidad de la Universidad Miguel Hernández de Elche.

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